La obra de Miguel Hernández , necesariamente breve dado lo terriblemente breve de su vida, es de una intensidad difícilmente igualable, tanto por su habilidad deslumbrante en el manejo de la lengua poética y la versificación (tanto culta, como popular y libre), como por la hondura de los sentimientos que expresa, que él resumió en tres heridas: la vida, la muerte y el amor, con las que mezcló la t remenda situación de la España de los últimos años treinta , sumida en una guerra entre hermanos que terminaría por llevarse, entre otras, la vida del joven poeta, encerrado en la cárcel, separado de su familia, enfermo pero aferrado a la esperanza imposible hasta el final. El "yo" y el "nosotros" se funden y se confunden en sus versos, que nacen de y por circunstancias personales muy concretas pero recogiendo unos sentimientos universales tan hondos y tan auténticos que cualquier ser humano puede identificarse con ellos. Esa es su fuerza y su magia.