La producción novelística de Delibes: la visión crítica de la realidad


 A lo largo de toda la obra de Delibes aparecen reiteradas las mismas ideas de manera uniforme y a la vez progresiva, porque en cada libro presenta nuevos matices de su visión del mundo, una visión crítica de la realidad que gira en torno a un tema central: el hombre en sociedad, A Miguel Delibes se le puede considerar un escritor profundamente humanista y con grandes preocupaciones sociales: su obra persigue el objetivo último de criticar y cuestionar todo aquello que pueda ser mejorado, y de esa voluntad de denuncia surge su visión crítica de la realidad, que se puede articular en torno a tres ejes muy presentes a lo largo de toda su obra, desde el principio hasta el final: la crítica social, la crítica ecológica (crítica al progreso mal entendido por el alejamiento de la vida rural y natural), y la crítica política (aunque esta casi nunca aparece de forma directa y explícita). En casi todas sus novelas estos ejes aparecerán mezclados y estrechamente relacionados. Como trasfondo siempre subyacen preocupaciones existenciales.

EVOLUCIÓN Y OBRAS

Aunque es difícil establecer una periodización cerrada en su obra, dada su esencial unidad temática, sí es perceptible una evolución que afecta más a la forma y es paralela a la evolución de la novela española tras la Guerra Civil, periodización en tres grandes etapas que se entrecruza con otra clasificación establecida por el propio autor entre novelas rurales y novelas urbanas.

1 ÉPOCA DE INICIACIÓN (1947-1949). Incluye sólo sus dos primeras novelas. En este momento, Delibes se siente apegado a las formas del realismo decimonónico. Todavía no domina la técnica ni el lenguaje, ni ha encontrado un punto de vista propio y se decanta por los conflictos individuales. Son obras que responden a una concepción tradicional del género, un narrador en tercera persona omnisciente describe, opina y valora, y están dentro de la novela existencial de los años 40 (tendencia a la introspección, protagonista que defiende su individualidad). El propio autor fue crítico con el lastre que cargaban estas novelas en sus abundantes digresiones moralizantes y  en novelas posteriores se irá ciñendo al punto de vista de los personajes que serán quienes ganen mayor autonomía.

  • Su primera novela La sombra del ciprés es alargada, obtuvo el Premio Nadal en 1947. En ella, Delibes traslada a su protagonista, Pedro, su obsesión por la muerte 

A Pedro se le muere un íntimo amigo, lo cual hace que se acrecienten sus temores hacia la muerte y le lleve a no establecer relaciones con ningún otro ser; al crecer, se alista en la Marina y encuentra en su amor hacia Jane la posibilidad de librarse de su aprensión; se casa con ella, pero al poco tiempo su mujer muere en un accidente, cumpliéndose el fatalismo de su obsesión). 

  • Aún es de día, (1949): inicia la presentación de personajes deformes. 

Es una novela amarga, cuyo protagonista, Sebastián, un enano, fracasa cuando quiere superar sus limitaciones con el trabajo y el amor. 

2ª ÉPOCA DE FORMACIÓN (1950-1962): Arranca con El camino. Delibes se forja de un lenguaje personal y perfecciona la técnica narrativa. Los temas quedan más claramente definidos: abandona los planteamientos existenciales y se centra en el influjo de la sociedad sobre el individuo, y los aspectos más concretos e inmediatos de la realidad. Sus personajes adquieren vida propia e imponen su perspectiva sobre el relato:

  • El camino (1950), aparecen ya dos temas recurrentes en Delibes: la infancia y la pasión por la naturaleza, a través de una historia muy sencilla y emotiva: 

Daniel el Mochuelo, un niño de 11 años, debe partir a la ciudad porque su padre quiere que estudie bachillerato y llegue a ser alguien. La noche anterior a la partida no puede conciliar el sueño y evoca su vida en su pueblo montañés. Recuerda el paisaje, a sus amigos, en cuya compañía descubre la naturaleza, y a distintos vecinos del pueblo: el cura, el maestro, las solteronas del pueblo, su primer amor, etc., en los que va descubriendo los diversos aspectos de la condición humana. A través de este recorrido por su corta existencia, siente que la vida del pueblo era su verdadero “camino”, y no el que le espera en la ciudad. 

    • La novela es una divagación desordenada en la que se mezclan impresiones, anécdotas, descripciones, diálogos, dispuestos en una estructura muy subjetiva. Pero es, sobre todo, un prodigio en el uso del lenguaje: la sencillez y la precisión conviven con el lirismo, la ironía y el humor, y se combinan con  novedades como la reducción espacio temporal o el uso de un narrador en 3ª persona pero que cuenta la historia desde la perspectiva del protagonista.. El autor da una especial importancia al escenario rural en la que transcurre y que reaparecerá en obras posteriores. Supone un punto de inflexión en su obra, ya que a partir de ella, Delibes deriva hacia un realismo poético y humorístico más estilizado, eliminando descripciones superfluas y depurando del lenguaje. Desde este momento, los caracteres, el ambiente y las situaciones predominan sobre la acción y la intriga, con una técnica más moderna y objetiva.

  • Le siguen otras dos novelas rurales: Diario de un cazador (1955) y Diario de un emigrante (1958) son fruto de experiencias personales. 

Lorenzo, bedel de un centro de enseñanza, cuenta en la primera su vida de cazador, y en la segunda su aventura por América. En ambas triunfa su deseo de ser auténtico: con la caza busca la libertad que no encuentra en la ciudad; cuando emigra a América, toda su actividad está presidida por la nostalgia, que le empuja a regresar.

  • Mi idolatrado hijo Sisí (1955): con ella comienza sus novelas urbanas. 

Ambientada en un mundo de comerciantes provincianos, presenta a Cecilio Rubes, un ser inauténtico, a quien sólo le preocupan su negocio, su querida, sus amigos y su único hijo, al que educa equivocadamente, de acuerdo con su propio sistema de valores. Cuando su hijo muere en la guerra, él se suicida. 

  • En La hoja roja (1959) Delibes plantea el tema de la soledad en la cercanía de la muerte:. 

El título alude a la hoja que en los librillos de papel de fumar avisa de que están a punto de acabarse. El viejo jubilado don Eloy pasa junto a la Desi, su criada analfabeta, sus últimos años. Enseña a leer y a escribir a la Desi, que es el único asidero para un hombre que vive de los recuerdos, y cuyos amigos han muerto. Al final, don Eloy propone a la Desi el matrimonio, y la muchacha acepta.

3 ÉPOCA DE MADUREZ (a partir de 1962). Ofrece las que pueden considerarse sus mejores novelas, junto a El camino. Ahora se produce en Delibes un progresivo dominio del simbolismo, de la ironía, del humor y la ternura para seguir abordando, sobre todo, las condiciones de inserción del individuo en la sociedad. Además, en esta época da paso a la experimentación de nuevas técnicas narrativas:

  • Las ratas (1962), con esta novela, Delibes quería denunciar las condiciones precarias e injustas del campo que no podía denunciar  en los periódicos, por la prohibición de las autoridades franquistas. Es una de sus mejores novelas, en la que destaca por un lado el tema de la despoblación del medio rural castellano y la miseria del pueblo sometido a la tiranía de los propietarios latifundistas;  por otro, la presentación de dos figuras extraordinarias:  el Nini (quizá la figura infantil de Delibes más conseguida, dotado de una extraña forma de sabiduría que le proporciona el contacto con la naturaleza) y el tío Ratero (hombre primitivo, individualista, vinculado estrechamente a su oficio de cazador de ratas); y por último el lenguaje: el léxico terruñero, la naturalidad de los diálogos, la belleza sobria de las descripciones y la riqueza de los fragmentos narrativos.
  • Cinco horas con Mario (1966) es un largo monólogo de la protagonista ante el cadáver de su marido, la noche del velatorio. Con ella, Delibes se adentra en las innovaciones de la novela experimental y muestra su gran dominio del lenguaje de base oral. construyendo un discurso aparentemente caótico, lleno de rupturas del orden lógico-sintáctico, de recurrencias, de expresiones coloquiales 

Carmen Sotillo, una mujer provinciana “de principios” reprocha a su marido muerto su vida en común. A través de las palabras de la mujer, descubrimos a un Mario lleno de humanidad, de ideales, de futuro, de amor por los demás; mientras Carmen, por el contrario, aparece como una mujer orientada hacia el pasado, tradicionalista y conservadora. En definitiva, ambos suponen el enfrentamiento entre dos mentalidades de su tiempo.

  • Parábola del náufrago (1969)  Es su novela más experimental y vanguardista y en la que la crítica política es más evidente. Es una obra  muy original en lo formal: paréntesis explicativos, autodiálogos ante el espejo, partes narradas donde se explicitan, con letra, los signos de puntuación, etc.

Trata de la alienación en la sociedad contemporánea y sus consecuencias en el individuo; presenta una sociedad donde ha desaparecido cualquier rastro de humanidad, hay hombres transformados en perros (Jacinto San José y de su compañero Genaro Martín, degradados a tal condición por contrariar a don Abdón, dictador-propietario de la empresa en la que trabajan) que son tiroteados por otros hombres y trabajadores dedicados a sumar cantidades infinitas de números sin sentido. 

  • El Príncipe destronado (1973) donde se retrata el microcosmos de una familia de clase media desde el punto de vista de un niño de tres años,

 Quico, un niño que se acostumbró a ser el mimado por ser el pequeño, y al que le acaba de nacer una hermanita que le “destrona” en el cariño de su familia

  • Las guerras de nuestros antepasados (1975) es un alegato contra la violencia y la guerra 

Pacífico Pérez se encuentra recluido en un sanatorio penitenciario; cumple una condena de 30 años a causa de un crimen y un posterior intento de fuga, y la novela recoge sus confesiones al doctor Francisco de Asís Brugueño mediante la transcripción de las grabaciones realizadas por el doctor durante siete noches, en las que Pacífico justifica su pasado…

  • En El disputado voto del señor Cayo (1978) vuelve al mundo rural y abandonado de Castilla, y su contraste con el mundo de supuesto progreso. 

Tres muchachos, uno de ellos aspirante a diputado, recalan en un pueblo semiabandonado de Castilla en plena campaña electoral. En el pueblo sólo vive Cayo, con su mujer muda y un vecino con el que no se habla. Se presenta el contraste entre la sabiduría natural del campesino castellano y las ideas adquiridas o los tópicos con que quieren redimirle los políticos que, al final, quedan admirados por ese hombre que no los necesita.

  • Los santos inocentes (1981) corresponde a esta etapa y es una vuelta a la novela social de ambiente rural.
  • En Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso (1983) Delibes cuenta la vida de un periodista jubilado, Eugenio Sanz Vecilla, que intenta compartir su soledad con una señora desconocida que se anuncia en la Correspondencia sentimental.

 A través de las cartas descubre su pasado y su presente: sus ocupaciones, sus aficiones, sus enfermedades, etc. Por fin, se encuentran en Madrid y Eugenio recibe un desengaño: la mujer había solicitado informes a Baldomero Cerviño sobre Eugenio. Luego, supo que la mujer y Baldomero se habían entrevistado y había nacido entre ellos el amor. Lo más valioso de la novela es la forma en que está trazada la curva de la emoción y el desengaño en el tono, en los encabezamientos y las despedidas de las cartas.

  • El tesoro (1986). En la novela se muestran los efectos de la ignorancia de las gentes de Castilla y la mezquindad de su carácter individualista.

La ilusión de un grupo de arqueólogos que descubren “un tesoro” en un pueblo castellano se ve truncada porque las gentes del pueblo terminan destruyéndolo antes de que otros se lleven el beneficio

  • 377 A, madera de héroe (1987). Reflexión profunda, distanciada e inteligente sobre el heroísmo con una base autobiográfica  

377 A fue el número de asignación que Delibes recibió al enrolarse en la Marina.Un niño que parece predestinado a ser héroe, se enrola en la marina durante la Guerra Civil con los nacionales y conoce la dureza de la guerra y su propia debilidad como persona, lo que hace que sus ideas sobre el heroísmo se tambaleen.

  • Señora de rojo sobre fondo gris (1991) es una novela inspirada en su mujer, fallecida en 1974.

 Es un largo monólogo pronunciado por un prestigioso pintor, centrado en dos acontecimientos: la detención de su hija y su yerno por motivos políticos y la enfermedad y muerte de su mujer, a quien añora y recuerda por contagiar una sensación de belleza sobre el fondo gris de lo cotidiano.

  • En Diario de un jubilado (1995) : crítica de  Delibes al mundo insustancial y materializado de nuestro tiempo.

Vuelve después de casi cuarenta años a Lorenzo, el protagonista de Diario de un cazador y de Diario de un emigrante. Ahora, el autor quiere mostrarnos cómo Lorenzo se ha dejado llevar por la sociedad de consumo. 

  • El hereje (1998) fue su última novela. Al año siguiente le otorgaron el Premio Nacional de Narrativa por ella. Es su obra más extensa, y supone un primer acercamiento de Miguel Delibes a la novela de ambientación histórica para tratar el tema de la tolerancia. Tanto los hechos como los protagonistas están basados en hechos reales: el juicio y la ejecución de un grupo de reformistas en la Valladolid del siglo XVI, en plena Contrarreforma. A través de las peripecias vitales y espirituales de su protagonista, Cipriano Salcedo, Delibes retrata la Valladolid de la época de Carlos V mientras indaga en las relaciones humanas, la lucha con uno mismo y el mundo que nos ha tocado vivir La narración histórica está tan bien documentada que permite imaginar la España del siglo XVI, todo ello con un lenguaje rico en expresiones, preciso y limpio.

LA VISIÓN CRÍTICA DE LA REALIDAD

En su conjunto, la obra de Delibes plantea una crítica de toda la sociedad burguesa vista desde abajo, desde el pueblo. Es constante la denuncia de los egoísmos individuales y de clase, y en su obra se produce el descubrimiento del pueblo como protagonista, del hombre humilde como héroe y como antihéroe. Por otra parte, su crítica también se extiende a los valores burgueses y a una sociedad tópica y masificada.

La crítica social y ecológica, hacia el progreso mal entendido, cobra especial relevancia en sus novelas rurales, como Las ratas y en Los santos inocentes. En la primera se denuncia el abandono del campo español, la miseria y calamidades que sufren los habitantes de una Castilla rural cuya agricultura apenas ha evolucionado durante siglos. En la segunda, la crítica ecológica queda supeditada a la crítica social, pero en ambas denuncia a penosa situación en que viven muchos campesin0s, especialmente los sometidos a los terratenientes. 

En sus novelas rurales en general, también el medio natural adquiere un papel fundamental, ya que Delibes defiende la integridad del medio y del hombre que lo habita. De ahí que en sus novelas el espacio rural sea esencial frente al espacio urbano al que se considera deshumanizado. En sus obras, defiende una vuelta a la Naturaleza, rechazando la vida cada vez más mecanizada y artificial, y abogando por la concordia entre modernidad y vida natural, `por vivir en paz con la naturaleza. Hay una visión nostálgica de lo rural perceptible, por ejemplo, en El camino, o en la negativa del joven protagonista de Las ratas a integrarse en la vida urbana.

El campo no se identifica con la Naturaleza desde el punto de vista clásico: para Delibes es la tierra de cultivo, el entorno inmediato del aldeano o el campesino, el monte donde se caza, el río en que se pesca, la fusión del hombre con el paisaje. El hombre trabaja el campo, deposita en él su esperanza y su subsistencia; sin embargo, el hombre es un punto minúsculo en la naturaleza.  Delibes no presenta una visión idílica del medio rural: la vida en el campo es difícil y dura. Sus novelas están llenas de testimonios de la pobreza, la marginación social, el deterioro del campo, la emigración obligada, los modos de vida elementales, la anodina existencia provinciana. 

En "Las ratas" por ejemplo, las inclemencias meteorológicas acaban con las cosechas, pero se vuelve a plantar lo mismo la siguiente temporada, y se siguen consumiendo ratas de agua. También Çureña, pueblo de "El disputado voto del señor Cayo", aparece como un entorno duro, pero la vida en la sierra solo posee un secreto: conocer la naturaleza y saber aprovechar todo lo que ofrece sin lastimarla. 

El hombre inevitablemente está ligado a su tierra y debe amarla y adaptarse a ella. En estas novelas rurales solo son infelices los que no son capaces de entender la naturaleza. Delibes se muestra así como un avanzado ecologista través de la plasmación de un mundo propio centrado en el presente y el porvenir del campo que, cuando las alarmas sobre el medio ambiente han sonado en todo el planeta, cobra un sentido pleno y en cierto modo profético. Pero Delibes no  ve solo lo bueno en el campo y lo malo en la ciudad: a lo que él se opone es a la deshumanización y falsedad urbanas, al progreso sin control que ha perjudicado al mundo rural. En su discurso de la RAE advirtió explícitamente de los riesgos del avance tecnológico, y en toda su obra late la denuncia el desarrollo capitalista, economicista, el monetarismo y el consumismo. Según sus propias palabras: “hemos matado la cultural campesina, pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble”.

Naturaleza y Castilla se funden en una única realidad que planea a lo largo y ancho de toda su obra, pero la suya no es la Castilla de la épica nacional ni la de la emoción del paisaje de la Generación del 98: la suya es una Castilla empobrecida, un paisaje esquilmado donde circulan gentes de duro presente e incierto futuro, sobre la que proyecta  su visión desencantada y entristecida que quisiera un mundo mejor y más humano.

Respecto a las novelas urbanas, Delibes las ambienta en capitales de provincia, a imagen de Valladolid, También en ellas refleja la vida cotidiana y las costumbres de su tiempo, centrándose en la clase media, cuya mentalidad ha retratado de manera de manera extraordinaria y de la que critica duramente su ambigua moral,  su hipocresía, su intolerancia. Están en este grupo Mi Idolatrado hijo Sisí, Cinco horas con Mario o Parábola del náufrago. En ellas el  espacio experimenta un tratamiento diferente: frente al campo, en la ciudad el hombre ya no está sujeto a los caprichos de la naturaleza, pero el ámbito urbano no es la solución. Aquí el hombre es un ser desarraigado, que ha perdido su contacto con el pasado y con sus raíces originales. La ciudad supone, además, la muerte de los pueblos y de unas formas de vida centenarias, con un conocimiento y una cultura que corre el riesgo de perderse. La ciudad es también signo de alienación, y en Parábola de naúfrago aparece ese triunfo de la sociedad mecanizada que destruye la libertad del individuo. Cinco horas con Mario, por su parte, es uno de los alegatos más contundentes contra el conservadurismo de las clases medias a través del enfrentamiento de dos mentalidades: la ultraconservadora de Carmen y la aperturista de Mario.

La critica política aparece en obras como Parábola del naufrago  de forma alegórica  (la novela es un alegato contra los regímenes dictatoriales que anulan la voluntad del ser humano), en Cinco horas con Mario de forma más velada a través de la crítica social, y en 337 madera de héroe, donde se critica la inutilidad de las de las políticas, que no conducen más que a la muerte y la destrucción, a través de un análisis de las causas y el desarrollo de la Guerra Civil

Así pues, en toda la obra de Delibes se repiten unas preocupaciones temáticas que son el reflejo de sus propias inquietudes existenciales y de su compromiso ético. Son constantes la muerte, muy presente ya desde su primera obra, La sombra del ciprés es alargada; la Infancia o la inocencia (Las ratas, El Camino, o El Príncipe destronado) o el prójimo, la relación del ser humano con los demás, tema central de sus obras s que se traduce en diferentes matices: la soledad, por ejemplo, en La Hoja roja, Aún es de día o Las Ratas; la incomunicación como en Cinco horas con Mario; en otras obras critica la conducta del ser humano, así como el mundo de la educación (El príncipe destronado).

Respecto al estilo de Delibes, se puede afirmar que este escritor busca fundamentalmente la sencillez. Esta sencillez no debe confundirse con simplicidad, pues posee un grandísimo dominio de la lengua, tal como puede verse en el empleo de diferentes registros por los personajes conforme a su caracterización. A lo largo de su vida Delibes trató de recrear y recuperar un castellano, ya en franca decadencia, pues está asociado al mundo rural. Se ha dicho que su castellano es “rico, exacto, coloquial y jugoso”. También muy sobrio. El ideal estilístico de la plenitud de Delibes se halla en una “naturalidad sin afectación que tiene como meta designar la realidad con el término riguroso que la distingue”. Así pues, su lengua literaria busca la sencillez y la claridad en un relato bien contado, y lo hace con un vocabulario muy rico en el que encontramos las palabras propias de los ámbitos, rurales o ciudadanos; así como los distintos registros y niveles del lenguaje, desde el culto al coloquial, familiar, e incluso el vulgar y fragmentario de los personajes analfabetos o deficientes.

Dentro de la técnica realista que caracteriza su obra, su prosa ha ido evolucionando desde un detallado realismo naturalista hacia un lenguaje más depurado y estilizado, sin descripciones superfluas. También evoluciona desde una técnica descriptiva basada en la acumulación a otra basada en la relación y la reiteración. Todas estas características son muy claras en Los Santos Inocentes.

Como siempre, aquí os dejo el guion del tema, para que en vuestro resumen no os dejéis ninguna idea importante fuera:


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