"Los santos inocentes": Los grandes temas (justicia e injusticia, maldad e inocencia)


 JUSTICIA E INJUSTICIA
El tema principal de la obra es la injusticia social que sufren los sirvientes por parte de sus señores: unos humildes y pobres campesinos, inocentes y continuamente humillados, acatan con total sumisión los abusos por parte de sus señores, que son dueños de la tierra. Estos señores, representados sobre todo por el señorito de la Jara y, especialmente, el señorito Iván, aprovechándose de la incultura extrema de las clases bajas y del sistema socioeconómico basado en latifundismo, ejercen un caciquismo extremo, explotador y egoísta.

En el libro se muestra la miserable vida de esos inocentes (Azarías, Paco el Bajo y su familia) que no son dueños ni de la tierra que trabajan ni de la casa donde habitan, aceptan la caridad de sus amos (las limosnas de la señora Marquesa o del señorito Iván) e incluso se sienten orgullosos y hacen lo que sea por ser objeto de sus preferencias (como Paco, “secretario” de Iván cuando caza). Tanto los opresores como los oprimidos asumen con total naturalidad esa conciencia de propiedad y vasallaje. Esta situación se ve reforzada y mantenida por la ideología conservadora e inmovilista de los señores, la estructura cerrada del latifundio y la incultura e ignorancia en que se mantiene a los humildes.

Será esta situación de injusticia continuada será lo que llevé a la rebelión trágica final, que aparece casi como reacción inevitable. Pero no se trata de una rebelión política, sino de un resarcimiento individual por un abuso: un discapacitado comete un crimen por algo que a él le han hecho y que le afecta a él solo. 
Azarías llega a cometer el crimen porque la pasión desaforada por la caza del señorito Iván choca con su propia pasión, su amor por la milana. Pero ante el lector ese acto puntual aparece como un acto de justicia natural que se comete desde la inocencia, por dos motivos: está exento de culpabilidad, es un acto no punible (lo comete un discapacitado mental) y forma parte de una compensación a todos los humildes por las injusticias y humillaciones sufridas, que se han reflejado a lo largo de la novela, y que de otro modo quedarían impunes. 

El crimen de Azarías, por lo tano, tiene mucho de justicia que repara la injusticia, y  quizás también como anuncio de unos nuevos tiempos en que la situación vaya cambiando, lo cual se une a algunos otros signos de esperanza en que la situación pueda ir cambiando que aparecen en la obra.
Por ejemplo, el señorito Iván y el Ministro achacaban la actitud de insumisión del Quirce al “signo de los tiempos”; Paco y Régula no quieren para sus hijos la misma vida que ellos, pretenden que estudien, que cambien de manera de vivir, que progresen algo más que ellos...)

El título de la  obra tiene resonancias evangélicas, y el sentido de la novela se relaciona con el humanismo cristiano de Delibes, y las esperanzas frustradas con el Concilio Vaticano II en el que se ambienta la obra. De hecho, se critica el papel de la Iglesia y la religión como refuerzo de las diferencias (la humillación de Régula cuando visita le obispo, el incidente de la Primera Comunión).

MALDAD E INOCENCIA 
En la novela, claramente, son los personajes de clase alta los que representan la maldad, especialmente el señorito Iván: clasista, mujeriego, prepotente, abusón, mal hablado, déspota, perezoso, partidario del Franquismo… Pero también muestran este tipo de actitudes la señora Marquesa, el Obispo, los ministros del Régimen que acuden al cortijo a cazar, el señorito de La Jara (inmisericorde con el Azarías), el médico del pueblo (que dice al señorito Iván por Paco el Bajo “usted es el dueño de la burra”). La única que muestra cierta conciencia social es la señorita Miriam, que siente compasión por los siervos en un par de momentos, pero que tampoco hará nada en realidad para cambiar o mejorar su situación.

Don Pedro y su esposa, doña Purita, intentan comportarse como los señores (él se muestra despectivo con los jornaleros, actúa como un señor feudal y frustra las expectativas de formación de la Nieves) y muestran también un comportamiento incorrecto como matrimonio: Pura es descarada y cruelmente infiel a su marido, y este canaliza su impotencia ante la situación con el insulto, la degradación y la violencia, para sufrir el cínico desprecio burlón del señorito Iván. Se trata de un personaje desclasado, que cree haber huido de su condición de siervo, pero se ve oprimido por el adulterio de su mujer, ante el que no puede hacer nada.

Frente a esto, Paco y los suyos se mueven por la inocencia, que es especialmente destacable en dos personajes, víctimas totales del sistema injusto y explotador en el que vive: la Niña Chica y el Azarías. La Niña Chica, Charito, es un ser dependiente y absolutamente irresponsable de la situación de calamidad y penuria en que vive. Su única presencia en la obra es con sus gritos, casi animalizados. Su presencia es un dato más de acusación contra unos señores que no hacen absolutamente nada por atenderla como es debido. En cuanto a Azarías, es una voz de la naturaleza; un ser deficiente que también está animalizado, pero que representa la vida instintiva y sin maldad de los inocentes. Trata a la Niña Chica como a su milana, y le gusta estar con ellas para encontrar allí el cariño que no puede obtener en otra parte, en su trato con los otros seres humanos.

De los otros miembros de la familia de Paco, él mismo y su mujer, Régula, representan el servilismo ("A mandar, don Pedro, que pa eso estamos") y la bondad, pues se quieren y respetan entre sí y pretenden dar a sus hijos una vida mejor que la que ellos han tenido. Paco también es presentado de forma animalizada, como Azarías y la Niña Chica, sobre todo en la escena en la que hace de perro olisqueador para recuperar una de las piezas de caza que le disputaban al señorito Iván los otros señoritos. Pero también cuando lo atiende el médico, que le dice a Iván: "Tú verás, tú eres el dueño de la burra", hablando del criado como si no fuera un ser humano. O cuando Iván lo hace ir a la batida, aunque ve que cojea y usa muleta y que tiene unos dolores tremendos al caminar. Por su parte, el nombre de Régula expresa a las claras el carácter servil de este personaje, hecho para la obediencia. 

Nieves es una chica dócil, conformada al papel que se le asigna (sus padres le recuerdan: "De las cosas de los señoritos, ver, oír y callar"). El único personaje de la familia de Paco en que se aprecian algunas señales de rebeldía es en el Quirce, que pone nervioso al señorito Iván precisamente por su falta de docilidad.

Otro tema que aparece en la novela, ligado a este enfrentamiento entre señores y criados, es el tema de la incultura y el analfabetismo. Los señores se aprovechan de la ignorancia para mantener su situación privilegiada frente a los criados. Régula y Paco saben de la importancia de escolarizar a sus hijos, pero ellos tampoco podrán decidir sobre su futuro, pues las esperanzas que tenían depositadas en su hija Nieves para que recibiera una educación se esfuman cuando es obligada a servir en casa de don Pedro. La ignorancia de los campesinos queda reflejada en un episodio humorístico que recuerda Paco en el Libro Segundo, cuando vienen dos señoritos de Madrid para dar clases de alfabetización al concluir la jornada de trabajo. Delibes vuelve a hablar de la educación en el Libro Cuarto, donde Iván, para evitar las críticas del embajador francés hacia el régimen franquista, alardeará del esfuerzo que ha supuesto conseguir que los criados logren a duras penas escribir su nombre. Relacionado con el tema de la educación, se halla el tema de la formación religiosa. El deseo de Nieves de hacer su Primera Comunión se convierte entre los personajes opresores, en especial Pedro y su esposa, en motivo de regocijo y burla. 

Junto a los temas mencionados, otros temas secundarios están presentes en esta novela: 
  • La relación del hombre con la naturaleza: los ricos la explotan para su conveniencia (celebran fiestas, cazan) y los trabajadores del cortijo deben convivir con ella para sobrevivir, algunos rozando la brillantez, como ese magnífico olfato que tiene Paco el Bajo. Un ejemplo cruel del poco respeto de Iván por la naturaleza aparece en el Libro Quinto, cuando manda cegar a los palomos que sirven de reclamo. 
  • El calor humano y el amor al prójimo: Azarías, por ejemplo, trata de hallar el calor humano que le falta en el cortijo de La Jara yendo a casa de su hermana Regula, donde busca a los muchachos y establece una relación especial con la Niña Chica, a quien Azarías dedica mayor ternura. Azarías halla también ese calor humano que le falta con el amor a la naturaleza( muestra de ello son las salidas de Azarías en el encinar) y, sobre todo, muestra ese amor, que se convierte en pasión, cuando Azarías encuentra en la segunda milana) la cura de su soledad y falta de cariño. El amor al prójimo aparece, por ejemplo, cuando Azarías es aceptado, tras ser despedido por el señorito de La Jara, en casa de su hermana. Ese amor al prójimo solo es posible entre los humildes, pero no entre los señores. Por ejemplo, Iván obliga a Paco a que lo acompañe, estando cojo, como secretario de caza en una batida, dándole igual que se quede invalido de por vida. La única de los señores que siente cierta conciencia social por los humildes es la señorita Miriam, que se queda espantada al ver a la Niña Chica y escuchar sus berridos. 
  • La pasión por la caza: que siente Iván desde pequeño y crece en él progresivamente junto con su arrogancia singular: se permite insultar a los que compiten con él, grita a los secretarios vecino, etc. Como toda pasión incontrolada, lleva al sujeto a un estado psicológico que le hace abusar de sus semejantes-le da igual que Paco se quede invalido de por vida con tal de que le acompañe como secretario de caza- y de la naturaleza para satisfacerse. El enfrentamiento entre la pasión desmedida por la caza que siente Iván y la pasión por la milana que siente Azarías llevará al desenlace trágico, cuando éste último se venga del señorito por haberle matado la milana. 
  • La insumisión: en el Libro Quinto aparece dicha insumisión por parte de Quirce, único personaje humilde que desafía de algún modo al señorito al acompañarle en la caza: no le hace ningún comentario sobre las incidencias de la caza, no le hace la pelota y, lo que más molesta a Iván, no acepta su limosna al acabar la cacería. 
  • Como en otros libros de Delibes, aparecen también manifestaciones del mundo de la infancia en personajes como la Niña Chica, Nieves o Azarías, y el tema de la muerte, obsesión que se plasma de diferentes maneras en la obra, como en la muerte de las milanas y en la muerte de Iván. 
Aquí tenéis esquematizadas las ideas fundamentales de este epigrafe, que deberéis aplicar a pasajes de la obra que se os propongan:

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