"La Fundación". Los temas morales: traición y supervivencia, muerte y libertad


La Fundación, como fábula alegórica, trata una temática esencialmente moral. A través de la historia de cinco presos condenados a muerte por motivos ideológicos, Buero plantea un tema central ya de carácter moral (la búsqueda de la verdad por debajo de las apariencias como camino a la lucha por la libertad) alrededor del cual se articulan muchos temas y motivos menores con claras implicaciones también morales, en las que trata de comprometer al lector-espectador.

Uno de estos temas es el de la traición. En esa situación límite, creada por un régimen indeterminado tiránico y represor, varios son los personajes que han traicionado (en forma de delación) a sus compañeros. A pesar de las diferencias entre los casos, Buero deja claro que esa traición no se debe a una maldad intrínseca del ser humano, sino que es consecuencia de las circunstancias opresivas creadas por la sociedad represora en que viven. La traición se encuentra así muy ligada a la supervivencia, porque es en realidad una forma de sobrevivir y, al mismo tiempo, los personajes han de sobrevivir luego a la sombra y la culpa de la traición cometida. Pero la supervivencia es una prioridad, sobre todo en situaciones de opresión.

De los cinco presos, tres son delatores, es decir, traidores: Tomás y Asel lo han sido en el pasado a causa de la tortura; Max lo es en el presente para conseguir comida y compensaciones materiales de los carceleros.

Asel ha convertido la delación cometida a causa de la tortura en una forma de experiencia que le hace ser especialmente comprensivo y tolerante con sus compañeros (sobre todo con Tomás, que ha pasado por lo mismo que él, y al que trata de proteger y ayudar sin culparle) y con el ser humano en general (del que tiene una concepción rousseauniana: el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe). Además, busca la redención de la culpa a través de la solidaridad: ha ideado el plan de fuga y al final, cuando ve que de nuevo puede pasar por la terrible experiencia de la tortura y la delación, decide suicidarse en un último acto de heroísmo ejemplar, libertad y dignidad. 

Tomás huye de su pasado delator y de la culpa (él es el responsable de que sus compañeros hayan sido encarcelados) a través de la locura, la ficción alucinatoria que le impide recordar lo sucedido y le hace creer que está en una lujosa Fundación en lugar de en una cárcel. Será el proceso de “recuperación” de esa realidad lo único que le llevará a la posibilidad de escapar, de alcanzar la libertad a través de la acción que sustituirá a su contemplación inicial, ocupando el lugar de Asel, cuyas ideas y actitudes asume, cuando este fallece. El reconocimiento de lo sucedido, enfrentarse a la culpa y aceptar la realidad, aunque sea algo doloroso, son pasos imprescindibles en ese camino hacia la libertad y la dignidad. La identificación del espectador con él permite que este, como Asel, lo comprenda, lo perdone y desee su salvación.

Por último, Max es el delator actual, pero su traición se debe a motivos muy diferentes: lo hace a cambio de beneficios materiales y ventajas carcelarias (comida, encuentros con familiares). Aunque su traición no se deba estrictamente a la maldad o el deseo de dañar a sus compañeros, sí es debida a su egoísmo, a su bajeza moral y su indignidad, que lo contraponen a Asel y Tomás, y lo convertirán en víctima de la furia y la imprudencia de Lino cuando se sepa lo sucedido. Es la traición de Max la que lleva a la acción brusca e imprudente a Lino, hasta aquel momento observador distanciado.

Por tanto, en la sociedad opresiva y totalitaria que dibuja Buero, la supervivencia se convierte en una prioridad que puede llevar a la traición; Tomás sobrevive a la tortura delatando a sus compañeros, y a la culpa a través de la locura, cuya superación le llevará a la lucha por la libertad; Asel sobrevive ideando el plan de fuga con el que salvar a sus compañeros, y Max intentará sobrevivir a la dureza de la cárcel a través de la delación que le llevará finalmente a la muerte. La supervivencia es, por tanto, el motor de la esperanza y de la lucha.

Por otra parte, la libertad (o más bien, su falta) es otro de los temas centrales de la obra que aparece planteado a través de la cárcel, que funciona al mismo tiempo como realidad encubierta por la alucinación de la Fundación, y como símbolo de la falta de libertad del ser humano, en general y en cualquiera de sus formas, La cárcel es un espacio cerrado (algo muy común en la obra de Buero) y opresivo que va apareciendo según va desapareciendo la ficción de la Fundación con sus elementos (el baño, la lámpara, el teléfono, la vajilla, las camas, etc.). Este espacio interior se contrapone al espacio exterior, abierto e idílico que se ve por la ventana de la Fundación, y que desaparece cuando se impone  la realidad de la cárcel. Ese paisaje idílico, que Asel insiste que era verdadero, es por tanto la libertad soñada por la que hay que luchar una vez que se haya asumido la propia realidad.

Esta falta de libertad representada por la  cárcel tiene básicamente dos lecturas:

  1. La represión sociopolítica en los regímenes totalitarios,  y en general la falta de libertad que nos impone la sociedad, una falta de libertad social, política, ideológica, colectiva (representada por esos presos condenados a muerte por un régimen tiránico que persigue sus ideas) 
  2. La falta de libertad existencial, metafísica, que oprime nuestra existencia: la existencia humana es una  cárcel en la que todos estamos condenados a muerte.

    Esta segunda dimensión de la cárcel (es decir, la falta de libertad) como una realidad interior, individual, existencial, queda clara  por algunas frases de Asel, que afirma que  tal vez al escapar de la cárcel te encontrarás en otra, y detrás de esta otra… Y aunque la libertad absoluta no exista, y siempre nos encontremos limitaciones, nuestra libertad está siempre en escapar de todas a través de la acción, no de la inacción. Incluso aunque nunca se consiga del todo.

“Duda cuanto quieras, pero no dejes de actuar. No podemos despreciar las pequeñas libertades engañosas que anhelamos aunque nos conduzcan a otra prisión... Volveremos siempre a tu Fundación, o a la que fuere si las menospreciamos. Y continuarán los dolores, las matanzas...”. “ entonces hay que salir a la otra cárcel! (...) ¡Y cuando estés en ella, salir a otra, y de esta a otra! La verdad te espera en todas, no en la inacción”

Se defiende así la posibilidad de un futuro mejor, más libre, por el que es preciso luchar y vencer las sucesivas “Fundaciones”. El hombre está condenado a la falta de libertad: la libertad absoluta no existe y siempre habrá una  prisión, una limitación, pero la “verdad” está en la búsqueda de ese paisaje soñado, símbolo del ideal, de un mundo futuro  que sólo podrá ser conseguido algún día si antes el hombre se sumerge en el túnel (el escape, la lucha). La libertad, la verdadera libertad (tanto sociopolítica como existencial) ha de ser conquistada por un proceso que comienza por el conocimiento y la conciencia de la realidad, la búsqueda de la verdad y la acción. Y en ese proceso hacia la libertad reside la verdadera dignidad humana, para la cual a veces el precio es la muerte.

La muerte aparece como la primera vía de escape de Tomás para la culpa (intenta suicidarse, pero Asel se lo impide y es entonces cuando se refugia en la locura), y también como  una amenaza constante y real para los cinco presos, condenados a muerte (como lo estamos todos los seres humanos, en realidad), y para uno de ellos, Tulio, se hace realidad cuando es llamado para ser ejecutado. Pero esa conciencia de la posibilidad real de la muerte no ha de ser un motivo de resignación, de inacción, de renuncia a la verdad y a la libertad. Hasta el último momento grita Asel que el paisaje (recordemos: símbolo del mundo ideal, de la libertad) es verdadero, y por él merece la pena luchar. De hecho, en el caso de Asel se identifican libertad y muerte: él elige la muerte como única forma de libertad en la cárcel (él la elige libremente ante la posibilidad de una nueva tortura) y como camino hacia la libertad de sus compañeros, que puede conseguirse gracias a esa muerte por él elegida.

Pero en el final abierto que plantea la obra, dos son las opciones, alternativas y excluyentes, entre las que el lector- espectador tiene que escoger: la muerte de la ejecución, o la libertad posible de la celda de castigo, donde sería posible llevar a cabo el plan de fuga. Esa es la elección final que se plantea al espectador: la libertad o la muerte.


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