"La Fundación": el efecto de inmersión y la escenografía

Bosquejo a rotulador para el decorado de "La Fundación", de Buero Vallejo

 En todas las obras de Buero la escenografía es muy importante, en parte por su vocación y formación artística (estudió Bellas Artes y su oficio primero fue el de dibujante y pintor, con lo cual es lógica su atención y cuidado de los aspectos plásticos del fenómeno teatral) y en parte porque el simbolismo, uno de los recursos que utiliza para implicar al espectador en el significado de la obra y para sortear la censura (de acuerdo con su convencida postura “posibilista”), afecta a muchos elementos escenográficos, que adquieren frecuentemente valores y significados simbólicos.

Esto es especialmente importante en La Fundación, en la que el espacio escénico no es solo el marco en el que se sitúa la acción, sino parte esencial de la trama, la evolución de los personajes y el significado de la obra: la transformación de los elementos escénicos expresa la evolución del personaje y la verdadera realidad en la que vive.  Esta importancia central y fundamental de la escenografía queda evidenciada ya en la estructura externa que el autor escogió: la obra se divide en dos Partes, subdivididas a su vez cada uno de dos “Cuadros”, y “Cuadro” es una división teatral (diferente a las “escenas”), que se basa precisamente en los cambios de escenario. Por todo ello, van a ser importantísimas las acotaciones, que cuando se refieren al espacio escénico son especialmente largas y detalladas, sobre todo las del principio de cada Cuadro, que dan cuenta de los cambios  en el escenario. 

Pero además, la escenografía es parte fundamental de la técnica teatral más importante que usa Buero en esta obra, y que es el efecto de inmersión.

Buero Vallejo concibió el "efecto de inmersión" como una técnica personal, propia, en réplica al famoso "efecto de distanciamiento", defendido por uno de los grandes renovadores del teatro occidental, el alemán Bertolt Brecht, creador del teatro épico o teatro de la distancia. Según Brecht, solo podemos analizar críticamente nuestros problemas de alienación, explotación, sometimiento, etc., en la sociedad capitalista en que vivimos, si nos distanciamos de ellos y los miramos de manera desapasionada, fría, "desde lejos". Buero demuestra que existe otra manera de conmover al público y de hacerle entender la realidad de la condiciones socioeconómicas en que vive: la identificación con el prójimo, con el que sufre. La mirada "desde dentro".

El "efecto de inmersión" es, sin duda, una de sus grandes aportaciones a la dramaturgia contemporánea. La denominación de la técnica se debe al crítico Ricardo Doménech, que lo describe también en otras obras de Buero como "Llegada de los dioses" y "El sueño de la razón".

 Mediante este recurso se consigue identificar al espectador con el punto de vista del protagonista, haciendo que comparta su “locura”, su visión (errónea, alucinatoria) de la realidad, aunque esto no llega a descubrirse hasta muy avanzada la obra. El espectador es así engañado por el autor, que le hace participar de la enajenación, de la locura del protagonista: como público, vemos y oímos lo que Tomás ve y oye, e iremos descubriendo la verdadera realidad al mismo tiempo que él lo hace. 

Así, por ejemplo, el espectador ve y escucha a Berta (que es en realidad una proyección de Tomás), cree que el compañero de la cama está enfermo y lo escucha hablar, ve el paisaje a través de la ventana, el mobiliario cómodo de la Fundación y todos sus lujos (cigarrillos, bebidas, vajillas, teléfono, lámparas…). Y el espectador comparte con Tomás esos detalles que empiezan a “no encajar” y que marcan su progresivo acercamiento a la verdadera realidad: la actitud de Tulio cogiendo los vasos inexistentes (el resto de los personajes parecen admitir que sí hay unos vasos, pero Tomás y el espectador no los ven), los aparatos que dejan de funcionar, la desaparición de algunos objetos y sus sustitución por otros más pobres (los vasos, las camas), la  progresiva transformación del espacio escénico… Sólo cuando concluye el primer cuadro de la segunda parte, el escenario se presenta como lo que es de verdad: la celda de una cárcel, y el espectador descubre entonces que su percepción de lo que estaba ocurriendo en el escenario era tan falsa como la del protagonista, y que ha tomado por real algo que era ficticio. 

Así pues, el espectador ve la realidad a través de la mirada  y la percepción de Tomás, comparte su locura, su engaño inicial y su tortuosa y progresiva toma de conciencia de la verdadera realidad,  se identifica con él y vive ese proceso con él,  descubriendo la realidad a medida que lo hace el personaje..

Este efecto de inmersión apunta hacia el mundo como algo engañoso, a ese choque y contraste (en este caso, brutal) entre apariencia y realidad, y con él, Buero consigue denunciar lo equívoco de la sociedad en que vivimos, pero también busca la comprensión  y el perdón del lector-espectador hacia el delator, y que en ese final abierto desee la esperanza y la libertad para él. Además, cuando al final  reaparecen todos los elementos escenográficos de la Fundación, esta cobra un nuevo significado. porque el espectador ahora ya no está engañado, sabe que es todo una ficción y es su responsabilidad asumirlo y actuar para evitar que la tragedia se repita. Es decir, es un recurso fundamental para implicar al espectador, no solo en la trama de la obra, sino en la lección ética que conlleva.

Por tanto, en este efecto de inmersión, todos los elementos escenográficos  y sus cambios (desde la disposición misma del escenario, a la luz –que pasa de irisada a oscura-, al mobiliario, el atrezzo o las vestimentas de los personajes) son importantísimos, porque dan cuenta del proceso evolutivo el personaje desde la locura, el delirio, la ficción alucinatoria de una elegante, confortable e idílica de la Fundación, a la dura y sórdida realidad de la cárcel. 

Pero la escenografía es además importante porque muchos de sus elementos tienen un valor simbólico, algunos especialmente relevantes (el simbolismo es uno de los recursos que emplea Buero para hablar de temas controvertidos sorteando la censura, pero también para implicar al espectador, hacerle partícipe de lo que pasa en el escenario al obligarle a interpretarlo),. Por ejemplo:

  • La Fundación en su conjunto representa el engaño social y el autoengaño individual, muchas veces aparentemente cómodos y confortables, que nos impiden conocer la verdad y ser libres.
  • La cárcel (espacio interior y cerrado) simboliza la falta de libertad, y se contrapone al espacio abierto y exterior, el paisaje idílico que se ve por la ventana inicial, con ecos del locus amoenus, que se describe como un cuadro de Turner y que simboliza la libertad, la vida plena, el mundo ideal que Asel dice que es verdadero, incluso cuando ya ha desaparecido de escena: aún no existe, pero debemos “soñarlo”, creer en él,  para luchar por él.
  • Los lujos y comodidades (bebidas, tabaco, lámpara, teléfono, televisión, etc.) de la Fundación representan los pequeños lujos y confortabilidades con los que la sociedad de consumo nos hace creer que vivimos en un mundo feliz, cuyas lacras nos negamos muchas veces a ver y admitir.
  • El retrete, que en la Fundación era un cuarto aparte, luego aparece separado por una cortina y finalmente  expuesto sin ninguna separación: simboliza esa degradación de la dignidad humana que supone la opresión y la falta de libertad.
  • El ratón que lleva en las manos el personaje de Berta, al  que llama Tomasín y al que dice querer salvar, simboliza al propio Tomás, atrapado en la locura que le impide ser consciente de su situación y poder así luchar por liberarse. Este ratoncillo muere cuando Tomás recobra la cordura.

Pero hay otros elementos escenográficos importantes mencionados por los personajes, cuyo valor simbólico es también importante:

  • La pintura tiene un papel importante en la obra (recordemos que la primera vocación y el primer oficio de Buero fue pintor y dibujante), no solo en la descripción de ese paisaje símbolo del ideal que se describe como un cuadro de Turner: en un momento dado Tomás está viendo un libro de pintura (luego sabremos que es ficticio, claro) y confunde un cuadro de Vermeer con Ter Boch, y las lámparas de ese cuadro de Vermeer y otro de Van Eyck, que Tulio diferencia nítidamente sin tener los cuadros delante: esto nos revela ya la confusión de las percepciones de Tomás, frente a la lucidez de –Tulio, personaje apegado a la realidad que es precisamente el que más intransigente se muestra con la locura de Tomás. Además, se mencionan otros pintores (Velázque, Boticelli, Rembrandt,...) y  los cuadros animalistas de un supuesto pintor inglés, Tom Murray, que representan a ratoncitos de laboratorio en jaulas (evidentemente relacionado con el simbolismo del ratón que porta Berta) pero que  que en realidad no existe (en otro juego entre realidad y ficción).
  • Los hologramas, imágenes proyectadas que en realidad no existen con las que Tulio, cuya profesión es fotógrafo, dice haber trabajado, y cuyas posibilidades de ser tomadas por imágenes reales deja claras por una anécdota con su novia. Los hologramas, las imágenes falsas, que percibimos pero no existen en realidad, apuntan ya a ese mensaje de la obra que invita al lector a dudar de sus percepciones, de la imagen que tiene de la realidad, de las apariencias que pueden ser falsas y, como la Fundación, que es en realidad un gran holograma, ocultar una realidad mucho más dura de la que es necesario tomar conciencia para intentar cambiar el mundo  y conquistar la libertad.

Por último, es importante señalar la importancia de otro elemento escenográfico: la música que suena al principio, la Pastoral de la ópera Guillermo Tell de Rossini, música bucólica y serena que acompaña a la ficción alucinatoria y agradable de la Fundación, y que reaparece al final, como elemento importantísimo de esa estructura circular que pretende también implicar al lector, avisarle de que las Fundaciones siempre vuelven y volverán…. y de que quizás el lector- espectador también esté viviendo en una. Pero ahora el lector-espectador está avisado y ya sabe que tiene la posibilidad de buscar la verdad y luchar por la libertad, por un mundo mejor. Y es su elección hacerlo o no. Esa es la lección ética de la obra.

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