"Fe de vida" de José Hierro: comentario


 

1.- IDENTIFICACIÓN DEL TEXTO, DEL AUTOR Y CONTEXTUALIZACIÓN

Fe de vida pertenece al segundo libro de José Hierro, titulado Alegría (y la alegría es precisamente un elemento importantísimo en este poema), publicado en 1947, tres años después de que Hierro fuera liberado de prisión y en los durísimos tiempos de la primera posguerra española (situación que no se alude directamente pero que podemos ver sugerida en ese “inverno exterior” en el que “todo está muerto, todo roto, nada en orden” del que se habla).

El texto se sitúa por tanto en la primera etapa de la producción de Hierro, más “realista”, aparentemente sencilla y directa que la segunda, y en la que predominan lo que el propio Hierro denominó “reportajes” (frente a las “alucinaciones” de su última etapa, que se abrirá en 1964 con su Libro de las alucinaciones). Dentro de esta primera etapa nos encontramos en ese primer momento en que predominan las cuestiones existenciales, que relacionan a José Hierro con la poesía desarraigada de los poetas vinculados a revistas como Espadaña o Proel (fundada por el propio Hierro), y siguiendo al estela de poetas del 27 que abordan ahora el caos y la desesperación de una existencia sin sentido, como Dámaso Alonso con Hijos de la ira o Vicente Aleixandre con Sombra del paraíso. En los años 50, la poesía de Hierro se acercará más al reflejo de cuestiones sociales y, como a varios de los poetas desarraigados de los 40, la crítica lo incluirá dentro de la denominada “poesía social” junto a nombres como Gabriel Celaya o Blas de Otero, aunque en ambos momentos (y en el resto de su obra) hará una poesía muy personal y hasta cierto punto difícil de clasificar.

Y dentro de esa peculiaridad y voz poética propia, en este poema encontramos varias características de esos poetas desarraigados que en los 40 hacen una poesía existencial y en los 50 abordarán cuestiones sociales: ese lenguaje sencillo y directo, desnudo de todo retoricismo y adornos innecesarios, pero lleno de intensidad, emoción y en algunos aspectos, desgarro; así como el planteamiento de una cuestión existencial que, frente a otros de esos poetas, en Hierro se tiñe de cierto optimismo por esa “alegría” que da título al libro y que se refleja en este poema: en medio de la desolación y la desesperanza, el poeta encuentra la clave y el sentido de la propia existencia en la alegría a la que se llega tras el dolor gracias a la conciencia de estar vivo, idea que vertebra el libro en que se incluye este poema, y que será muy recurrente no solo en toda la obra de Hierro, sino también en su propia visión de la vida que él ha explicado muchas veces de forma explícita.

2.- ARGUMENTO, TEMAS Y ESTRUCTURAS

Una “fe de vida” es un documento jurídico-administrativo que acredita que una persona está viva. Así que el propio título se convierte en una referencia metafórica al tema central del poema: el sentido de la propia existencia, que es la alegría de ser consciente de que se está vivo, incluso en medio de la desolación, la conciencia del carácter temporal de todo y la inexorabilidad de la muerte.

En el poema habla un yo poético rodeado por un panorama desolador exterior (“detrás de esa puerta”), expresado metafóricamente por el invierno, en el que todo está muerto intentando renacer; en el que no hay asideros, ni esperanza, solo soledad y olvido; y en el que incluso lo vivido es algo ya perdido. Pero será en la conciencia de estar ahora vivo, en la conciencia de la propia vida, donde ese yo poético, que se nombra a sí mismo con su nombre propio y concreto, encuentre la alegría que le salve de ese panorama desolador acechado por la muerte (a punto de ya no ser), donde la alegría “está caída” pero él puede “tocarla” precisamente a través de la conciencia de que en este instante, aquí, ahora, está vivo.

El poema se divide externamente en tres estrofas, cada vez más cortas (cada una con mayor condensación expresiva) y en las que se va produciendo un sucesivo triunfo de lo positivo (la alegría de estar vivo) sobre lo negativo (la realidad exterior marcada por la desolación y la muerte).

Internamente son perceptibles dos grandes partes que se contraponen a través del conector textual adversativo “pero”:

1.    La primera parte sería la primera estrofa, donde se describe esa realidad desoladora y negativa que rodea al poeta, marcada por la muerte, la soledad, la desesperanza y la pérdida. Se alude a una realidad exterior (“detrás de esa puerta”) en la que todo está muerto, y en la que la desesperanza se expresa a través de la enumeración paralelística de los versos 6-12: no hay esperanza de encontrar un asidero, un apoyo, una esperanza, algo positivo (“una rama”), ni compañía o ayuda (“una mano que me salve del olvido) y donde el pasado, lo que uno ha vivido ya, también se ha perdido (“si busco al que fui..”). Aparece así el tópico clásico de la vida como algo temporal, acechado por la muerte y en la que lo vivido es algo ya pasado, perdido, que ya no existe en el presente (Irreparabile tempus fugit, tópico clásico que aparecía en nuestra poesía clásica, desde Manrique a Quevedo).

2.    La segunda parte serían las dos últimas estrofas, que se contraponen a la anterior explícitamente a través del conector repetido anafóricamente “pero”, y en las que surge esa realidad interior positiva, la alegría, opuesta a la exterior, que nace de la conciencia de la propia existencia, de la propia vida. En la segunda estrofa la alegría que surge se contrapone con ese panorama desolador y la conciencia de la temporalidad y la inminencia de la muerte (“a punto de ya no ser”), a través de una sucesión de oraciones enumerativas muy cortas, como si la la desolación y la alegría mantuvieran una especie de “pulso” en su alternacia. Finalmente, la alegría triunfa en la brevísima tercera estrofa, en la que el yo consciente de estar vivo en este instante, vence a la desolación exterior y a la inminencia inevitable de la muerte, como destacan el conector concesivo “aunque” y el adverbio temporal “aún”,  que convierte al tiempo presente en algo positivo (aunque todo esté muerto, yo aún estoy vivo y lo sé).

3.- CARACTERÍSTICAS FORMALES

MÉTRICA

A lo largo de su vida poética, Hierro ha manejado tanto las formas métricas tradicionales como el verso libre. Este poema se encuentra a medio camino entre ambas, ya que aunque no emplea ninguna forma métrica canónica reconocible, si es perceptible cierta regularidad métrica, clave para el ritmo interior del poema que, como el propio autor decía, es lo que diferencia la poesía de la prosa, sobre todo cuando se usa un lenguaje tan sencillo y directo.

Nos encontramos ante un poema de tres estrofas de extensión diferente, sucesivamente más cortas (de hecho, cada una tiene la mitad de versos que la anterior): la primera tiene doce versos, la segunda seis y la tercera tres. La mayoría de los versos son octosílabos, excepto el verso repetido de la primera estrofa (no la encontraré), un hexasílabo que queda así destacado (por la repetición y por la diferencia métrica), subrayando esa realidad exterior desoladora en la que no hay ni sentido ni esperanza. La mayoría de los versos están sueltos, sin rima: pero algunos presentan una  rima asonante aguda en –e, a intervalo de uno o dos versos sueltos, por lo que el esquema métrico del poema, que evoca vagamente al del romance (de hecho, la segunda estrofa responde plenamente al esquema métrico del romance),  sería:

8-, 8a, 8-, 8-, 8a,  8-, 8a , 8- , 8-, 8a , 8- , 8a

8-, 8a, 8- ,8a, 8-,  8a

8-, 8-, 8a

Al ritmo del poema contribuirán también las repeticiones y anáforas, como comentaremos abajo.

LENGUA, ESTILO, RECURSOS ESTILISTICOS

Como toda la poesía de Hierro y de muchos poetas de los años 40 y  50, se utiliza un lenguaje sencillo, directo, llano y antirretórico, alejado de la lengua literaria elaborada, y sin adornos innecesarios: Por ejemplo, hay muy pocos adjetivos, y los que hay (muerto, vivo, roto) son fundamentales para el significado.

Todo el poema se construye sobre la contraposición (antítesis) de dos realidades:

        Ese exterior desolador, descrito a través de elementos de valor metafórico (como el “invierno detrás de la puerta”, “todo muerto”, o los tres elementos ausentes que se buscan inútilmente y se enumeran utilizando paralelismo y anáfora (vv. 6-12: “sé que si busco”: una rama, una mano, “el que fui”), ;o los sintagmas nominales descriptivos  y aparentemente antitéticos de la segunda estrofa (v.17-18: “nada en orden, todo roto”) De ese exterior desolador forma parte la conciencia de la temporalidad de todo, perceptible en expresiones temporales como “al que fui” o “a punto de ya no ser”,

        La alegría interior de la consciencia de la propia vida en este instante, que aparece en la segunda estrofa (vv  13-15), alegría que lucha con la desolación (de ahí la metáfora de “está caída a mis pies”, subrayada por el paréntesis, que parece aclarar que no es, todavía, una alegría plena, al contemplar  de nuevo de la desolación y la temporalidad en los vv.17-18: “nada en orden, todo roto/a punto de ya no ser”), que termina venciendo en la tercera estrofa (expresado de nuevo a través de una metáfora, “toco la alegría”) y con la que se relacionan una serie de verbos en primera persona y presente de estas dos estrofas: estoy, me muevo, vivo, me llamo, toco, estoy vivo, lo sé . De hecho, la propia palabra alegría  se repite tres veces.

Así pues, son importantísimas las repeticiones:

  • Se repite el verso “no lo encontraré”/ “no la encontraré" (v. 7, 10, 12)
  • La anáfora  de “sé que si busco” en la primera estrofa, insiste en la conciencia de la realidad desoladora y desesperanzada en la que vive el poeta, comprensible teniendo en cuenta el contexto de la posguerra española en que se escribió el poema 
  • La anáfora de “pero”, conector adversativo, que destaca esa contraposición entre la realidad exterior desoladora y la alegría interior de estar vivo en este instante, que “irrumpe” en la segunda estrofa  y en la que el poeta finalmente encuentra el sentido de su existencia. De ahí la aparición del “aunque” concesivo en el pénultimo verso, con el que se declara el “obstáculo” de la desolación exterior vencido por la alegría interior de la conciencia de la propia existencia, marcada por el pronombre “yo” que encabeza el último verso: “Yo aún estoy vivo y lo sé”.
  • Pero también a lo largo del poema se repiten algunos términos claves contrapuestos, es decir, antitéticos:
    • Los que se refieren a la realidad exterior negativa (“todo muerto” v. 4 y v20) y los que se refieren al interior positivo // vivo , vv 14 y 19, aunque estos “vivos” sean homónimos).
    • El “está aquí” del v1, referido al invierno (exterior desolador) se contrapone al “estoy aquí” de la segunda estrofa (v.13) con el que comienza esa toma de conciencia de la propia vida en este instante de la que surgirá la alegría interior que venza a la desolación exterior.
    • El “Sé que” , que destaca la anáfora en la primera estrofa para describir la conciencia del panorama desolador en que vive el poeta (el invierno, la muerte, la desesperanza, la soledad) se transforma en el “lo sé” final que convierte a vencedora a la alegría de la conciencia de la propia vida.

En toda la poesía de Hierro son un recurso fundamental los encabalgamientos, recurso que establece cierta tensión entre la métrica y el contenido del poema, destacando determinados elementos. Especialmente significativos son los de los versos 2 y 3 (que insiste en destacar ese sé/ que ,que también subraya la anáfora: la conciencia del mundo desolador en que se vive, del carácter temporal de todo, de la inminencia de la muerte), el encabalgamiento abrupto de los versos 13 y 14 (me muevo, /vivo) y 14 y 15 (José/ Hierro),  y otro encabalgamiento en los versos 15 y 16 (alegría /que está caída a mis pies) que destaca esa pugna entre la alegría encontrada en el interior, en la propia conciencia de estar ahora vivo, y la desolación exterior.

Y por último, destacar la antítesis final que explica la alegría gracias al conector causal “porque”: “aunque todo esté muerto, yo aún estoy vivo y lo sé”: finalmente, el yo vivo se contrapone y vence al todo muerto a través de la consciencia (lo sé) de esa vida temporal (aún), Y así incluso el tiempo, que arriba era algo negativo, se convierte en este final en algo positivo y motivo de alegría.

Por tanto, estamos ante un poema de temática existencial que, como todos los de los poetas desarraigados de los años 40, se explica en gran medida por el terrible y durísimo panorama de la primera posguerra española.  Hierro comparte con esos poetas de su generación el reflejo de esa desesperanza existencial y el uso de un lenguaje antirretórico, claro, sencillo y directo (aunque no exento de elaboración), pero muestra su singularidad por ese optimismo expresado ya desde el título del libro en que se incluye este poema, Alegría: el poeta logra vencer a la desolación exterior así, mediante la alegría nacida de la conciencia de estar vivo, aquí y ahora. Un vitalismo insólito en aquel momento, pero que será una constante a lo largo de toda la vida y toda la obra de José Hierro..

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