Trayectoria poética de Antonio Machado

 


Machado comenzó siendo un poeta modernista (de un Modernismo intimista y simbolista) pero su obra evolucionará hacia posiciones que lo han vinculado con la Generación del 98 por su preocupación por el tema de España y cuestiones filosóficas, en una trayectoria que algunos críticos han descrito como “del yo al nosotros”. 

En su poesía se diferencian tres grandes etapas, marcadas por sendos libros:

1.- Soledades (1902), luego ampliado a Soledades, galerías y otros poemas (1907).- un poemario que presenta rasgos de un modernismo  intimista y simbolista. En él, Machado expresa sus sentimientos más íntimos y personales, pero que constituyen grandes universales humanos (la melancolía, la nostalgia, el ansia de amor, la infancia perdida, la incertidumbre vital, la soledad….) mediante una lengua evocadora y rítmica, en la que aparecen muchas realidades sensoriales (la tarde, el camino, las galerías, las abejas, la fuente, la noria, colores dorados, morados, verdes, melodías, sonidos, …) que son símbolos de estados de ánimo, actitudes o realidades abstractas. Y todo con una lengua mucho más sobria y sencilla que otros poetas modernistas, buscando siempre la expresión esencial, sin elementos simplemente ornamentales o retóricos.

En este libro aparecen ya algunos de los temas machadianos fundamentales:

·         El tiempo (al que aparecen vinculados los grandes temas de la vida, la muerte, la melancolía, la búsqueda de Dios) .

o    El propio Machado definió la poesía como “la palabra esencial en el tiempo”, y esto es lo que él persigue con su poesía: captar la esencia de las cosas en su fluir temporal.

o    Más que el tiempo como abstracción objetiva (que aparece en algún momento simbolizado por el reloj), a Machado le interesa el tiempo como algo vivido, interiorizado, personal, que expresa muchas veces en forma de diálogo (también definió la poesía como “el diálogo de un hombre con su tiempo”), y por ello muchas veces sus interlocutores son elementos vinculados al tiempo de forma directa (como la mañana /el alba, la tarde o la noche) o simbólica (el agua, que cuando brota es símbolo de la vida y cuando está quieta y estancada es símbolo de la muerte, valor simbólico tradicional que tenía ya desde Heráclito o Jorge Manrique). La tarde es un símbolo especialmente recurrente, con el que expresa su estado de ánimo habitual: el de la melancolía (la tristeza, la nostalgia), hasta tal punto que llega a identificar la tarde con su “alma”.

o    En muchos de estos poemas aparece también ya otro símbolo típicamente machadiano de la vida y su discurrir temporal: el del camino y el caminante.

o    El tiempo, además, aparece, por su poder destructor, muy ligado a la muerte (en algún poema llamará al tiempo “el homicida que nos lleva a la muerte”), y así el poeta expresa el pesimismo y el dolor por pensar en la muerte como el fin de los sueños y de todo lo que la vida conlleva. Frente a este poder destructor del tiempo y de la muerte, Machado aparece siempre buscando a “Dios”, a un Dios que tal vez sea una fe religiosa o tal vez un ansia de algo absoluto, de una verdad trascendente.

·         El sueño: el sueño machadiano (que no es el sueño de cuando dormimos, sino que es el sueño de la vigilia, de cuando estamos despiertos), aparece como la única forma de conocimiento, pero también de vivir. Recogiendo la vieja idea de Calderón de la Barca, toda la vida es sueño (algo efímero, inconsistente y lleno de incertidumbres). Recordar es soñar, conocer es soñar, y vivir es soñar: convertir la vida y lo vivido en vivencia interior, filtrada por la conciencia. Él  mismo se retrató como un “hombre en sueños siempre buscando a Dios entre la niebla” y cuando evoca su pasado dice “juventud nunca vivida, quien te volviera a soñar”.

·         El amor: el amor (y su objeto concreto, la amada) aparecen como una vivencia y una proyección subjetiva, como un recuerdo o un ensueño, algo más añorado o soñado que realmente vivido, sin que encontremos nunca en la poesía de Machado una descripción física ni de la pasión ni de la amada. El amor soñado, añorado como recuerdo, como ausencia o como anhelo, aparece muchas veces vinculado a la tristeza, la nostalgia, la melancolía.

2.-Campos de Castilla (1912): el contacto con el paisaje soriano produce casi una revelación y una revolución poética: Machado se identifica plenamente con él, y en él se centran ahora gran parte de sus poemas. Sobre ese paisaje castellano que describe proyecta ahora sus sentimientos y su mundo interior, pero también sus reflexiones e impresiones sobre Castilla y España, su situación de decadencia, su carácter, su pasado y su historia, sus perspectivas de futuro. Dentro de la obra, además, se distinguen un grupo de poemas escritos a la muerte de Leonor en los que expresa su dolor por la pérdida y el paisaje se llena con los recuerdos y la nostalgia dolorosa de lo que vivieron juntos.

Encontramos así algunos de los grandes temas que ya aparecían en Soledades, (el tiempo, el sueño /la vida como sueño, el amor…) pero con un tratamiento diferente. Si en aquel poemario esos temas se expresaban a través de elementos simbólicos que formaban parte de un paisaje también irreal y simbólico, ahora se proyectan sobre elementos exteriores y concretos de un paisaje real, que se convierten así, en cierto modo, en símbolos.

Pero la irrupción de la realidad exterior y concreta castellana en la poesía de Machado tuvo otra consecuencia: la aparición de un nuevo eje temático que no aparecía en su primer poemario, el tema de España, la preocupación y la reflexión por su situación de decadencia, cerrazón y atraso; por su pasado, por sus perspectivas de futuro, por su esencia, que a parecen a veces evocadas, vinculadas y proyectadas sobre el paisaje, a veces de forma directa e independiente (como en el famosísimo “El mañana efímero”, donde otra vez el tema del tiempo es el hilo en el que proyecta su visión del pasado y el presente del ´país, y sus deseos (y esperanzas) para su futuro. Será sobre todo esta preocupación por España y su expresión literaria lo que propició la vinculación de Machado a la Generación del 98, tras la primera etapa modernista de Soledades.

Además, en este poemario se incluye una sección de poemas breves, sentenciosos y reflexivos, titulada Proverbios y cantares”, que anuncian ya el tipo de poesía filosófica, breve y esencial que predominará en su tercera etapa.

3.- Nuevas canciones (1924): su último libro, en el que predominan sus grandes temas de siempre, pero convertidos en inquietudes filosóficas (el ser y la vida, el tiempo, el conocimiento, la búsqueda de Dios…), en poemas breves de carácter sentencioso (al estilo de los proverbios), con una expresión que se ha depurado de elementos ornamentales. Es decir, que predomina más la expresión poética de ideas y reflexiones que de sentimientos propiamente dichos. También se incluyen un puñado de poemas dedicados a Guiomar, su amor de madurez, con el que comparte y sobre el que proyecta reflexiones acerca de sus inquietudes esenciales.

 Por estos dos últimos libros se le puede incluir dentro de la Generación del 98, ya que en él aparecen sus temas característicos (el tema de España, la reflexión sobre su pasado, su historia, sus gentes, su decadencia actual, sus perspectivas de futuro) y cuestiones filosóficas, y se produce esa evolución hacia una lengua poética cada vez más sobria, depurada y esencial, que se aleja del esteticismo modernista.

 


 

 

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