Antonio Machado: los grandes temas poéticos

Antonio Machado, retratado
por Joaquín Sorolla en 1918

 Son muchos los temas concretos que Machado trató en sus poemas  a lo largo de su vida, y sin embargo, su obra muestra cierta unidad temática, ya que muchos de sus temas recurrentes (especialmente el tiempo, el sueño y el amor, con el que se interrelacionan otros como la vida y su sentido, la muerte o la melancolía) se mantienen constantes a lo largo de toda su trayectoria poética, aunque varía la forma que tiene de tratarlos (de acuerdo con la evolución de su obra). En su poesía se diferencian tres grandes etapas, marcadas por sendos libros:

1.- Soledades (1902), luego ampliado a Soledades, galerías y otros poemas (1907).-

Poemario que presenta rasgos de un modernismo  intimista y simbolista. En él, Machado expresa sus sentimientos más íntimos y personales (la melancolía, la nostalgia, el ansia de amor, la soledad….) mediante una lengua evocadora y rítmica, en la que aparecen muchas realidades sensoriales (la tarde, el camino, las galerías, las abejas, la fuente, la noria, colores dorados, morados, verdes, melodías, sonidos,…) que son símbolos de estados de ánimo, actitudes o realidades abstractas. Y todo con una lengua mucho más sobria y sencilla que otros poetas modernistas, buscando siempre la expresión esencial, sin elementos simplemente ornamentales o retóricos.

En este libro aparecen ya algunos de los temas machadianos fundamentales:

  • El tiempo (al que aparecen vinculados los grandes temas de la vida, la muerte, la melancolía, la búsqueda de Dios) .
    • El propio Machado definió la poesía como “la palabra esencial en el tiempo”, y esto es lo que él persigue con su poesía: captar la esencia de las cosas en su fluir temporal. 
    • Más que el tiempo como abstracción objetiva (que aparece en algún momento simbolizado por el reloj), a Machado le interesa el tiempo como algo vivido, interiorizado, personal, que expresa muchas veces en forma de diálogo (también definió la poesía como “el diálogo de un hombre con su tiempo”), y por ello muchas veces sus interlocutores son elementos vinculados al tiempo de forma directa (como la mañana /el alba, la tarde o la noche) o simbólica (el agua, que cuando brota es símbolo de la vida y cuando está quieta y estancada es símbolo de la muerte, valor simbólico tradicional que tenía ya desde Heráclito o Jorge Manrique). La tarde es un símbolo especialmente recurrente, con el que expresa su estado de ánimo habitual: el de la melancolía (la tristeza, la nostalgia), hasta tal punto que llega a identificar la tarde con su “alma”. 
    • En muchos de estos poemas aparece también ya otro símbolo típicamente machadiano de la vida y su discurrir temporal: el del camino y el caminante. La fuente, por su parte, que también aparece como interlocutor y como símbolo de vida, puede verse a veces como símbolo de  una monotonía silenciosa con la que se identifica (la monotonía de su propia vida).
    • El tiempo, además, aparece, por su poder destructor, muy ligado a la muerte (en algún poema llamará al tiempo “el homicida que nos lleva a la muerte”), y así el poeta expresa el pesimismo y el dolor por pensar en la muerte como el fin de los sueños y de todo lo que la vida conlleva. Frente a este poder destructor del tiempo y de la muerte, Machado aparece siempre buscando a “Dios”, a un Dios que tal vez sea una fe religiosa o tal vez un ansia de algo absoluto, de una verdad trascendente.
  • El sueño: el sueño machadiano (que no es el sueño de cuando dormimos, sino que es el sueño de la vigilia, de cuando estamos despiertos), aparece como la única forma de conocimiento, pero también de vivir. 
    • Recogiendo la vieja idea de Calderón de la Barca, toda la vida es sueño y el sueño es lo único capaz de triunfar sobre el olvido  (lo vivido y olvidado surge de la conciencia en forma de sueño y solo recordando los sueños del pasado puede el hombre llegar a conocerse). Es decir, recordar es soñar, conocer es soñar, y vivir es soñar: convertir la vida y lo vivido en vivencia interior, filtrada por la conciencia. Él  mismo se retrató como un “hombre en sueños siempre buscando a Dios entre la niebla” y cuando evoca su pasado dice “juventud nunca vivida, quien te volviera a soñar”.
    • Vinculado al sueño está otro símbolo importantísimo de este poemario, que se cuela en el título en su reedición de 1907: las galerías por las que transita, galerías del alma, galerías interiores, es decir, el mundo interior del poeta que este recorre y en el que indaga, y en las que sueños y recuerdos se confunden y se mezclan en el espejo de la memoria, que a veces deja de serlo para convertirse en cristal que ya poco o nada refleja.
    • En los sueños de Machado aparecen demonios y hadas. El sueño es un refugio contra el dolor de la vida, un paraíso interior, un ”jardín de eterna primera”, consuelo para el dolor del tiempo.
  • El amor: el amor (y su objeto concreto, la amada) aparecen como una vivencia y una proyección subjetiva, como un recuerdo o un ensueño, algo más añorado o soñado que realmente vivido, sin que encontremos nunca en la poesía de Machado una descripción física ni de la pasión ni de la amada. El amor soñado, añorado como recuerdo, como ausencia o como anhelo, aparece muchas veces vinculado a la tristeza, las nostalgia, la melancolía.

2.-Campos de Castilla (1912): 

El contacto con el paisaje soriano produce casi una revelación y una revolución poética: Machado se identifica plenamente con él, y en él se centran ahora gran parte de sus poemas. Sobre ese paisaje castellano que describe proyecta ahora sus sentimientos y su mundo interior, pero también sus reflexiones e impresiones sobre Castilla y España, su situación de decadencia, su carácter, su pasado y su historia, sus perspectivas de futuro. Dentro de la obra, además, se distinguen un grupo de poemas escritos a la muerte de Leonor en los que expresa su dolor por la pérdida y el paisaje se llena con los recuerdos y la nostalgia dolorosa de lo que vivieron juntos. 

  • Encontramos así algunos de los grandes temas que ya aparecían en Soledades, pero con un tratamiento diferente. Si en aquel poemario esos temas se expresaban a través de elementos simbólicos que formaban parte de un paisaje también irreal y simbólico, ahora se proyectan sobre elementos exteriores y concretos de un paisaje real, que se convierten así, en cierto modo, en símbolos.
    • El tiempo aparece ahora a través  de la evocación de su paso y sus efectos sobre realidades concretas, como el propio paisaje soriano (que se describe en diferentes momentos del día, o en diferentes estaciones del año, o a cuyo pasado histórico se alude);  el olmo del famosísimo poema, casi destruido por el poder destructor del tiempo y cuyo futuro se evoca (las palabras y expresiones con valor temporal son fundamentales en este poema) convirtiéndolo en símbolo de la esperanza de un “milagro de la primavera); o sobre el propio poeta en el también famosísimo “Retrato”, que tiene también una estructura temporal.
    • El sueño aparece ahora también proyectado sobre el paisaje castellano, que “sueña”: sueñan las tardes, el llano, el campo, las aguas, el viento, e incluso elementos más concretos como la noria, los espejos, las rocas o la mula. La Naturaleza aparece soñando en una proyección del sueño del poeta, de su mundo interior, que se identifica plenamente con ese paisaje y también sueña. El sueño pasa así a expresar esa identificación, esa compenetración entre el alma del poeta y el paisaje castellano, sobrio, tranquilo y melancólico. Es decir, visión interior y visión exterior llegan a fundirse y confundirse, y por eso le dirá  a los campos de Soria “me habéis llegado al alma, ¿o acaso estabais en el fondo de ella?”  En los poemas a la muerte de Leonor, el sueño también aparece como forma de recordar y evocar a su esposa muerta y el tiempo vivido (o soñado) con ella, y ligado también al recuerdo de ese paisaje castellano que compartieron.
    • El amor aparece también vinculado a la figura de Leonor en los poemas que le dedicó tras su fallecimiento (en vida no le dedicó ninguno), acontecimiento narrado de manera lírica, simbólica y delicada. Es un amor inevitablemente ligado, ahora de manera dolorosamente real, al dolor, a la pérdida, a la ausencia, a la muerte simbolizada por el mar (de nuevo, como en Manrique: “Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar”) contra los que se revela, entre tímida y tozuda, la esperanza en algún tipo de trascendencia (“quien sabe lo que se traga la tierra”, “Dice el corazón: un día la verás…”).
  • Pero la irrupción de la realidad exterior y concreta castellana en la poesía de Machado tuvo otra consecuencia: la aparición de un nuevo eje temático que no aparecía en su primer poemario, el tema de España, la preocupación y la reflexión por su situación de decadencia, cerrazón y atraso; por su pasado, por sus perspectivas de futuro, por su esencia, que a parecen a veces evocadas, vinculadas y proyectadas sobre el paisaje, a veces de forma directa e independiente,, como en el famosísimo “El mañana efímero”, donde otra vez el tema del tiempo es el hilo en el que proyecta su visión del pasado y el presente del ´país, y sus deseos (y esperanzas) para su futuro. En este y otros poemas aparece también la reflexión personal sobre la situación política, reflejando esa idea de "las dos Españas" opuestas (la conservadora y la progresista) que serán las que terminen enfrentándose trágicamente en la Guerra Civil. Y será sobre todo esta preocupación por España y su expresión literaria lo que propició la vinculación de Machado a la Generación del 98, tras la primera etapa modernista de Soledades.

Además, en este poemario se incluye una sección de poemas breves, sentenciosos y reflexivos, titulada “Proverbios y cantares”, que anuncian ya el tipo de poesía filosófica, breve y esencial que predominará en su tercera etapa.

3.- Nuevas canciones (1924): 

Su último libro, en el que predominan sus grandes temas de siempre, pero convertidos en inquietudes filosóficas (el ser y la vida, el tiempo, el conocimiento, la búsqueda de Dios…), en poemas breves de carácter sentencioso (al estilo de los proverbios), con una expresión que se ha depurado de elementos ornamentales. Es decir, que predomina más la expresión poética de ideas y reflexiones que de sentimientos propiamente dichos. También se incluyen un puñado de poemas dedicados a Guiomar, su amor de madurez, con el que comparte y sobre el que proyecta reflexiones acerca de sus inquietudes esenciales.

Por estos dos últimos libros se le puede incluir dentro de la Generación del 98, ya que en él aparecen sus temas característicos (el tema de España, la reflexión sobre su pasado, su historia, sus gentes, su decadencia actual, sus perspectivas de futuro) y cuestiones filosóficas, y se produce esa evolución hacia una lengua poética cada vez más sobria, depurada y esencial, que se aleja del esteticismo modernista.

Os dejo también la selección de poemas representativos de cada libro (y por tanto, de cada etapa) que utilizamos en clase y un esquema con las ideas fundamentales que no deberían faltar (bien redactadas, claro está, en vuestra respuesta:

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