De la poesía existencial y social al grupo poético de los 50

Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral y José María Castellet

LA POESÍA EXISTENCIAL DE LOS AÑOS 40

La Guerra Civil y sus consecuencias supusieron un brusco corte con respecto al brillante período cultural y literario anterior: varios poetas han muerto (Machado, Lorca, Miguel Hernández), la gran mayoría se han exiliado y los que se quedan lo hacen sufriendo la terrible situación de un país arrasado, sumido no solo en la miseria, sino también en la censura y el aislamiento ideológico que impone la dictadura

En esta situación solo cabían dos opciones, que Dámaso Alonso definió como “poesía arraigada” y “poesía desarragaida”

  • La poesía arraigada es la de los poetas afines al régimen franquista, vinculados a la revista Garcilaso,  como Luis Rosales, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo o José García Nieto, que cultivan una poesía de formas métricas clásicas (especialmente el soneto) y temas tradicionales (religión, familia, paisaje, belleza de las cosas..) para expresar una visión serena y esperanzada del mundo.
  • Frente a ellos, la poesía desarraigada expresa el malestar existencial consecuencia de la terrible situación que vive el país. Dos obras de dos poetas del 27 (Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre e Hijos de la ira de Dámaso Alonso) dan lugar a toda una corriente de poetas importantísimos durante los años 40 y 50, que expresan la angustia y desesperación existenciales, la visión de un mundo deshecho y caótico, lleno de sufrimiento,  en poemas sobre la muerte, la soledad, la falta de sentido de la vida, la injusticia o la falta de fe en el futuro, con un lenguaje bronco, áspero, desgarrado, y un predominio del verso libre,  versos largos que llegan a ser versículos. En esta línea encontramos a los poetas que publican en la revista Espadaña, como Eugenio de Nora, Leopoldo de Luis, Victoriano Crémer, y los primeros libros de Blas de Otero (Ángel fieramente humano), Gabriel Celaya (Tranquilamente hablando, Las cosas como son) y José Hierro

Junto a estas dos tendencias mayoritarias, habrá otras minoritarias como el Postismo (abreviatura de postsurrealismo (que hará una poesía de corte vanguardista y lúdico, evolución del surrealismo, en la que destaca Carlos Edmundo de Ory) y el grupo cordobés Cántico (formado por poetas más esteticistas y formalistas)

LA POESÍA SOCIAL DE LOS AÑOS 50

En los años 50, en un momento además de cierta movilización social, protestas, huelgas y organización clandestina de los sindicatos, los poetas existencialistas de los 40 salen de esa expresión de su angustia interior y pasan a tratar en su obra cuestiones que afectan a la colectividad social. Nace así toda una corriente de poesía social y comprometida, que se considera  un “arma cargada de futuro”, es decir, la poesía se instrumentaliza, se utiliza para intentar lograr la  concienciación y transformación social, en un proceso que la crítica ha descrito como un paso del yo al nosotros.

Esta poesía de poetas comprometidos y solidarios  pretende transformar el mundo, y para ello debe empezar por concienciar  al lector de la necesidad de la lucha. Por ello se concibe como una poesía “para la mayoría”, y ha de ser fundamentalmente comunicación, clara y directa (es decir, poco poética: se desecha el esteticismo y el cuidado del lenguaje poético porque los objetivos prioritarios de esta poesía son otros). Retoman el noventayochista tema de España pero con un tono más reivindicativo y político,  y denuncian las injusticias y las desigualdades sociales (el paro, la miseria, la alienación, las duras condiciones de trabajo,  la falta de oportunidades, las necesidades de los más desfavorecidos o la injusticia cometida con la España vencida en la contienda),  con una lengua coloquial, llana, incluso prosaica, y un predominio del verso libre.

Dentro de  la poesía social encontramos a muchos de los  poetas desarraigados que habían cultivado poesía existencial en los 40  como Eugenio de Nora, Leopoldo de Luis,  Victoriano Crémer, Gloria Fuertes (de trayectoria muy personal)… Pero destacan sobre todo tres nombres:


GABRIEL CELAYA:  en obras como Cantos Íberos o Las cartas boca arriba muestra su evolución desde el existencialismo de la década anterior a una poesía beligerante, combativa, que incita a la lucha y a la actuación para cambiar el mundo, con un lenguaje consciente y deliberadamente alejado del “lujo esteticista”: prosaico, claro y directo, porque la poesía es, ante todo, un “arma cargada de futuro”



BLAS DE OTERO: publica en 1955 Pido la paz y la palabra, obra en la que también supera el existencialismo angustiado de su etapa anterior para abrirse a la preocupación social por la España de su tiempo y la solidaridad con los desfavorecidos, con una lengua clara y sobria, pero no siempre sencilla. Predomina el verso libre y los versos cortos, también en sus libros siguientes (En castellano, Que trata de España), donde continúa con una poesía social que llama sobre todo a la solidaridad y la fraternidad, de las que surge la esperanza.

JOSÉ HIERRO: es un caso especial como poeta social, porque comparte con sus coetáneos las reivindicaciones sociales y la actitud de denuncia, pero él lo hará desde la intimidad personal y la subjetividad (por ejemplo, en sus ”reportajes”, poemas que dan su peculiar versión personal de algún suceso) en libros como Cuanto sé de mí o Quinta del 42.



Tras la década de los  50, estos tres poetas verán como su obra evoluciona hacia una poesía experimental con mayor preocupaciones formales, por el agotamiento y las limitaciones de la estética realista y social (que llegó pronto)

EL GRUPO POÉTICO DE LOS 50

Está formado por poetas algo más jóvenes que los anteriores, cuya carrera poética despega a mediados o finales de los 50, y que comparten con estos las preocupaciones sociales y la visión crítica de la realidad, pero que alejan del prosaísmo y la simpleza formal que tenía la poesía estrictamente social.  Además su mirada sobre la realidad será siempre subjetiva y personal. 

Más que como comunicación, conciben la poesía como conocimiento o como experiencia, y junto a las preocupaciones por la situación del país y la falta de libertad (que abordan desde una perspectiva sobre todo ética, pero más distanciada e incluso irónica que los poetas sociales inmediatamente anteriores), vuelven a cultivar temas íntimos y personales, como el paso del tiempo, los recuerdos, la nostalgia de la niñez, la amistad, la soledad, la muerte, el amor y el erotismo. Su estilo va a ser también sencillo, sobrio y cercano,  con un tono coloquial y conversacional, pero muestran mayor preocupación por la lengua poética. En ellos es muy frecuente el autobiografismo,  la evocación  y narración poética de hechos y anécdotas concretas y propias a las que se le da un valor simbólico y en las que es muy importante la presencia de lo cotidiano. Suelen incluir alusiones a la tradición literaria (intertextualidad) y poetizar también acerca de la poesía o la literatura (metaliteratura), Utilizan muchas veces la ironía y la autocrítica (dentro de su conciencia y compromiso social, se saben parte de la burguesía, clase favorecida y hasta cierto punto “opresora”). En cuanto a la métrica, combinan el verso libre con el uso ocasional de formas clásicas.

Los autores pueden dividirse en dos grupos: el círculo de Barcelona (Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo) y el grupo de Madrid (Ángel González, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald, Francisco Brines, Claudio Rodríguez…)

JAIME GIL DE BIEDMA: es uno de los poetas más significativos e influyentes en poetas posteriores de este y uno de los iniciadores de la poesía como experiencia, que expresó su visión desencantada desde su conciencia burguesa, a través de la ironía como forma de autocrítica.  Sus temas principales son  la nostalgia de la infancia y la adolescencia, la visión crítica de ciertos aspectos sociales, el paso del tiempo, la amistad, sus experiencias amorosas, que expresa con una lengua próxima a la lengua coloquial, siempre natural y antirretórica. Entre sus libros destacan Compàñeros de viaje o Moralidades. Agrupó su obra bajo el título Las personas del verbo

ÁNGEL GONZÁLEZ: Poeta representativo de la evolución desde una poesía claramente social  a una poesía más personal, en la que el compromiso sigue vivo pero se expresa a través del humor, la ironía e incluso la parodia de tópicos culturales y sociales,  y se combina con la reflexión sobre la poesía o la ficcionalización del poeta dentro de su propia poesía. Predomina el tono conversacional y el gusto por los juegos de palabras. Algunos de sus primeros títulos son Áspero mundo, Sin esperanza, con convencimiento y Grado elemental.


JOSÉ ÁNGEL VALENTE: principal defensor de la poesía como conocimiento, es el más intelectual y simbolista. En sus poemas reflexiona sobre todo sobre la palabra, sus límites y su capacidad para conocer y expresar el mundo. Su poesía, muy influida por San Juan de la Cruz y poetas metafísicos ingleses, se irá haciendo cada vez más hermética e intelectual. Uno de sus primeros libros en los años 50 es A modo de esperanza.



CLAUDIO RODRÍGUEZ: por su parte indaga también en la poesía como conocimiento, pero mostrando siempre una actitud vitalista de celebración de la existencia y los sentimientos que le dan sentido (amistad, solidaridad, amor), a pesar de todo lo que la oscurece, en obras como Don de la ebriedad o Conjuros.



Os dejo una presentación con una selección de poemas (la única forma de aprender de verdad literatura) y un esquema de las ideas fundamentales sobre esta pregunta EBAU (que sí, que lo es, qué le vamos a hacer).

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