Experiencia, poesía y canciones: "Aunque tú no lo sepas"



Luis García Montero, Quique González, Enrique Urquijo

El poeta y profesor universitario Luis García Montero es uno de los principales representantes de lo que se ha denominado "poesía de la experiencia", una tendencia poética de las más importantes en las últimas décadas y que arranca de los poetas de la Generación del 60, como Jaime Gil de Biedma o José Agustín Goytisolo (aunque hay críticos que incluyen como precursor a Luis Cernuda, uno de los poetas de la Generación del 27). 

La poesía de la experiencia surge de acontecimientos concretos, sencillos, cotidianos y reconocibles de la vida del poeta, a partir de los cuales él expresa los sentimientos y reflexiones que suscitan, y que muchas veces atañen a temas clásicos como el amor, el paso del tiempo, las ilusiones y desengaños, la nostalgia, la esperanza, el miedo, la vida como sueño, lo escurridizo de la felicidad, el dolor o la muerte. Busca ser accesible y atrer al lector, y es una forma de ir desde lo más pequeño, concreto y cercano a lo más grande y universal, pero de una forma muy sencilla, directa, mezclando lo coloquial y lo poético, lo vital y lo literario, que es lo que hace que prácticamente cualquier lector pueda conectar con ella.

Es también una forma de poesía que está presente en muchas letras de canciones (por ejemplo, Joaquín Sabina o Ismael Serrano pueden situarse como primos hermanos -cuando no hermanos a secas- de estos poetas). Y de hecho, aquí tenéis una prueba evidente de esa relación: este poema de Luis García Montero, titulado "Aunque tú no lo sepas" (incluido en su poemario de 1994 Habitaciones separadas), en el que es perfectamente reconocible la experiencia o anécdota de la que habla:
Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.
Pues este poema ha dado para mucho: en él se inspiró su esposa, la también escritora recientemente fallecida Almudena Grandes, para escribir un relato; también ha servido de inspiración para una película, y para un documental sobre la poesía el propio García Montero... Y en los 90, Quique González  se inspiró en ella para escribir una canción con el mismo título, que interpretó insuperablemente el fallecido (e irrempazable) Enrique Urquijo. (¿Podrías decir qué tienen en común, aparte del titulo?):


Aquí tenéis el poema recitado por su autor, Luis García Montero, y luego interpretada por el compositor original de la canción, Quique González:


Interpretada por Enrique Urquijo y Quique González:


Y esta es la versión solo de Quique:


Esta canción se ha convertido con toda justicia en un clásico, que ahora ya versionan otros artistas como El Canto del Loco:


Y en 2012, fue interpretada por  Clara Lago en la película Hoy tengo ganas de ti:


En nada nosotros también haremos este ejercicio de escribir un poema inspirándonos muy libremente en otro y haciendo poesía con nuestra experiencia. Pero mientras tanto, os dejo algún poema más de Luis García Montero (también podéis visitar su página web, su blog o una de las muchas selecciones de poemas suyos que tenèis en Internet):
Canción de brujería

Señor compañero, Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.

Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.

Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.

Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.

Señor compañero, Señor de la noche,
haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día

y que duren tus sombras
el tiempo necesario.

El tiempo que ella tarde en decidirse.

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